Sobre libro: La decadencia y caída del imperio romano – Tomo I

Decadencia-y-caída-del-Imperio-romano-Edward-Gibbon
Crédito de imagen: http://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2012/10/Decadencia-y-ca%C3%ADda-del-Imperio-romano-Edward-Gibbon.jpg

Introducción

Esta traducción del 2013 refresca en idioma español la magna obra del historiador Edward Gibbon, quien plasma en aproximadamente un millón y medio de palabras comprendidas en dos tomos, su visión sobre una de las aventuras de la cultura y el pensamiento humano que como él curiosamente dice, no se entiende porqué perduró tanto.

Una respuesta que Edward Gibbon ofrece ante el interrogante de lo que causó la caída del imperio romano, tiene que ver con las estrategias políticas de Octavio Augusto, Octaviano o Augusto, quien fuera se podría considerar uno de los primeros actores del “despotismo ilustrado”, ese sistema que se popularizó a partir de la revolución francesa, en donde se hacía gobierno para el pueblo, por el pueblo, pero sin el pueblo. Qué hizo Augusto? Dejó la era republicana atrás, sin que pareciera, asumió muchos de los cargos de consulado en su propia persona, se invistió con el cargo de pontifex maximum…. de máxima autoridad religiosa y decidió crear la guardia pretoriana, un grupo selecto de ejército que cuidaría únicamente al imperator… que con el tiempo demostró lo temible que podía hacer y a partir de esta creación considera Gibbon que se sembró la semilla de la futura caída. Los pretorianos solamente respondían ante él, pudiendo estar intramuros en Roma, cuando antes eso no se podía hacer, para evitar las tentaciones de la dictadura u omnipotencia política en Roma, que solamente se hacía cuando había enfrentamientos con enemigos graves, p ej, el caso de Cartago o el caso del enfrentamiento contra cimbrios y teutones.

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El historiador Edward Gibbon. Crédito de imagen: http://tinyurl.com/qhwmty2

Esas fueron las propuestas políticas de la república, de mantener contención en el uso del poder, con sus tribunos del pueblo, sus períodos cortos de consulado o de máxima representatividad y luego los representantes regresaban a la vida normal de cualquier ciudadano. O tempora o mores (Oh tiempos, o costumbres)

El principio del fin se dió con Octaviano.

Augusto junto con su esposa, la terrible Livia Drusila, se encargaron de mantener el cascarón de la querida institución republicana a ojos vistas del pueblo. Decidió aceptar el título honorífico de princeps senatus, príncipe o primera cabeza del senado. El devenir de la guardia pretoriana con el tiempo mostró que este grupo empezó a formar un estado dentro del estado, algo que en su momento fue el concepto en que se tuvo a órdenes monásticas como los templarios en el reino francés del capeto Felipe IV. Y el poder de las armas dejó de tener la imposición, la temperancia y la morigeración del populus et quirinus romanus, el pueblo romano.

Augusto todavía fue un emperador proveniente del orden senatorial, de las familias linajudas que venían con trayectoria de poder y ascendiente en el quehacer político romano. Pero luego, con la política de expansionismo, las legiones en los límites del imperio, en el limes, con el duro trasegar de combatir contra pueblos que luchan por sobrevivir, adquirieron bastante experiencia militar. Estas fueron las legiones del Rin, las de Iliria (las actuales Croacia, Serbia, Bosnia, Montenegro y Albania) las que adquirieron y tenían mayor experiencia de combate.

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Iliria: zona geográfica de donde salieron varios emperadores aclamados por los ejércitos. Crédito de imagen: http://static.lexicoon.org/800/iliria.jpg

Y este continuo quehacer guerrero hizo que los generales fueran quienes ganaran el ascendiente sobre diferentes legiones, que al tener obviamente el poder de las armas, empezaron a ser los protagonistas del papel polìtico. Lucio Cneo Domicio Aenobarbo, el hijo de Agripinila, mejor conocido en la historia como Nerón, fue el último emperador del orden senatorial. Y desde entonces empezó la anarquía militar, donde muchos emperadores llegaron a vestir la púrpura imperial por la aclamación de las legiones.

La guardia pretoriana

El poder de los pretorianos radicaba en que su único jefe era el imperator. Y para reconocer dicha autoridad superior, ellos recibían un regalo en metálico o donativum. Cada vez que ascendía un nuevo emperador, había un generoso donativo, para asegurar la fidelidad de los pretorianos. Hubo el caso de emperadores del orden militar, como Galba y Otón, que no fueron lo “suficientemente generosos” con sus donativos, de tal manera que fueron asesinados por sus propios electores castrenses. Y Vitelio al ascender, ya conocía la lección.

El problema de estos donativos a un grupo de casi seis mil soldados, que era el tamaño de una legión, es que implicaba tomar riqueza de fuentes ajenas al emperador. Se expoliaban tierras, como le pasó a Virgilio, quien a duras penas escapó de la espada del centurión a quien César le asignó las tierras de Virgilio en Mantua….. se creaban nuevos impuestos y los pretorianos se acostumbraron a este dinero “fácil”.

Muchas veces los prefectos pretorianos volaron alto, y quisieron emparentar con la propia familia real, caso de Publio Elio Seyano, el lugarteniente de Tiberio. O Elio Norbano y Casperio, que quisieron manipular a Nerva, el venerable senador Nerva, quien en un último intento, adoptó al general Marco Ulpio Trajano, para que salvara el imperio de los desmanes de estos dos. Y la lista puede seguir, por ejemplo con el caso de Diocleciano, otro de los generales, que tras la muerte del emperador Numeriano, aprovechó el ocultamiento político de esta muerte que hizo el prefecto Arrio Aper, lo hizo aparecer como culpable y lo ejecutó en público hundiendo la espada en su pecho, al mismo tiempo que se declaraba inocente. “Oh libertad –decía Madame du Roland-, cuantos crímenes se cometen en tu nombre !

La nueva sociedad romana

Y fuera de esto, cambió el zeitgeist romano en el sentido que dice Gibbon, los miembros de la sociedad empezaron a buscar otros ejemplos aparte del estamento militar, y cuando el cristianismo empezó a regir, a partir del concilio de NIcea convocado por Constantino en 325 DC, muchos de los miembros de la sociedad vertieron su energía en la búsqueda de la realidad trascendente de la nueva religión. Así surgieron padres de la iglesia, como Ambrosio, el antonomásico obispo de Milán, que después de haber sido cónsul, pasó a ser un alto jerarca que se tomó muy en serio su nuevo papel y logró aumentar el eco de su influencia en la posteridad al haber ordenado a San Agustín de Hipona.

Es impresionante cuando el torpe Valentiniano III, el hijo de Gala Placidia, asesina al general Aecio el salvador del imperio, luego de vencer a Atila o Etzel en la terrible batalla de los Campos Catalaúnicos, en Chalons Sur Marne, cerca al río Marne, en la Champaña francesa, junto con los visigodos al mando del rey Teodoredo y sus hijos Turismundo y Teodorico. Valentiniano asesinó a Aecio solo por envidia y hay una frase que le dijo un ciudadano, “no sé lo que Usted hizo, pero es que como si un hombre se cortara la mano derecha con la mano izquierda“…… y cayó a su vez por el gladium de Petronio Máximo.

Gobiernos ejemplares

Y hubo algunos hitos de gobiernos en función de la felicidad pública: los de Marco Cocceyo Nerva, Marco Ulpio Trajano, Juliano, Constantino, Teodosio….  en el caso de Nerva, fue capaz de restablecer el orden y la dignidad de la clase senatorial a pesar de la venalidad de los pretorianos, después de la muerte de Tito Flavio Domiciano…… de jugársela al todo por el todo para restablecer el orden por encima de las pretensiones de los pretorianos…… de lograr que llegara Trajano…. del orden restablecido de Juliano, uno de los más brillantes dignatarios, con una enorme capacidad de trabajo, dedicado a resolver cuestiones jurìdicas durante el día, escribiendo filosofìa por la noche…. aunque los autores de su época lo llamaron “el apóstata”…. fué capaz de manejar su disidencia -en lugar de baños de sangre como era usual, lo hizo con respuestas escritas que luego devinieron obras clásicas, como Mysopogon….. fue Juliano como el Enrique IV de Navarra de su época, creciendo en un medio palaciego dominado por quienes habían hecho una purga en su familia y Juliano al igual que Enrique, aprendió de forma muy temprana a observar y callar….. hasta que llegó a la púrpura. Infortunadamente al ser el adalid de su tropa, pereció por una herida de lanza persa en un enfrentamiento cercano al pueblo de Maronga, con uno de los mejores discursos de despedida de un agónico, donde dijo que no temía a la muerte por haber vivido en la virtud… que no nombraba un heredero porque al ser consciente del poder castrense, no iba a someterle al avatar de ese escenario, tan cambiante y gravoso…. la vida de Juliano fue una vida única y compleja.

Reflexión

Los pueblos empiezan como estoicos y acaban como epicúreos, los romanos de antes de César defendían su concepción de la cosa pública con disponibilidad inmediata, es decir, eran hombres libres que luchaban por la libertad, por su libertad, mientras que los mercenarios que vienen después tienen como objetivo solamente el de enriquecerse, haciendo el menor esfuerzo posible, en lugar del laudable resultado que se conseguía por el esfuerzo propio, sin tener que por eso condenar a otros a desgracia o muerte . Este fue el gérmen de decadencia que sembró Augusto. Y que es válido para cualquier época.

Hubiera sido una oportunidad inigualable haber visto los libros sibilinos, que tenían la historia de Roma, que fueron quemados por Herófila, ver que Roma empezó con Rómulo y terminó en el imperio de Occidente, con el hijo del bárbaro Orestes, Rómulo llamado peyorativamente Augústulo.

Y el tomo II de la siempre clásica obra de Gibbon, resumido aquí

Referencias complementarias

http://www.jotdown.es/2012/10/las-situaciones-3-decadencia-y-caida-del-imperio-romano-de-edward-gibbon/ De este web que comenta sobre Gibbon, se tomó la imagen del libro al inicio.

http://fabricioestrada.blogspot.com/2013/06/decadencia-y-caida-del-imperio-romano.html  De este web se tomó la imagen de Edward Gibbon

Más sobre La decadencia de Roma, en obra de Joseph Vogt.

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