Sobre tomo I Crónicas del Ojo de Buey, por Touchard-Lafosse

La historia de Francia impresiona en la medida de estar incluída en el inconsciente colectivo de una forma palpable…. y la historia de Francia de la Edad Moderna con sus guerras, sus personajes de la realeza, sus intrigas, su savoir vivre, su arquitectura esa pasión por la vida que ha dado origen a la expresión “la joie de vivre“, esa capacidad de abarcar aspectos tan disímiles de diferentes cosas, capacidad que habla desde el pasado, y no por eso deja de encantar y hechizar, aún en este siglo XXI.

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El escritor Georges Touchard La Fosse Tomado de http://gw.geneanet.org/pierfit?lang=en&p=gervais+pierre&n=touchard+lafosse

Quién no quiere conocer París, quien no quiere conocer Notre Dame, el Louvre, la plaza de la Concordia? Y bueno, cuando se tiene la oportunidad de gustar este singular material de Georges Touchard-Lafosse, empiezan a cobrar un cuerpo más coherente muchas de las historias de la historia, sobre este élite gala de la edad moderna, de la cual Zweig llegó a decir que eran de las gentes con mayor refinación que ha conocido el mundo.

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Armand Jean de Plessis, obispo de Lucon, tenía una ambición desmedida. Decidió uncir su carro al poder de la viuda reina madre María de Médicis, quien se encargó que fuera ascendiendo hasta que llegó a ser el principal ministro y válido del borbón Luis XIII: la historia lo conocería como el cardenal de Richelieu. Entre él y el conde Duque de Olivares, tejieron trama y urdimbre de la historia política y militar de Europa durante la edad moderna.

Con la ilustre sangre de la cual nace Luis XIII siendo hijo de Enrique IV de Navarra y de María de Médicis, con un país ya unido, con tolerancia religiosa que había acabado el derramamiento de sangre después del Edicto de Nantes, se presagiaba un reinado de paz y tranquilidad. Pero como lo dijera Maurice Druon, la naturaleza se muestra avara de grandeza y Luis XIII fue un pálido reflejo de su gran padre y hubiera hecho mejor cualquier otra cosa, excepto gobernar. Por lo cual dejó que el cardenal fuera ganando cada vez mayor ascendiente sobre el gobierno y el cardenal vivió solamente para su vanidad, para acumular más poder y más poder. Montó una red de espionaje a lo largo y ancho de Europa, y logró ser temible particularmente para el blando y pusilánime Luis XIII, quien detentó el poder de iure,  de forma puramente nominal, mientras el poder real de facto, sí lo ejerció Richelieu.

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El rey borbón Luis XIII Tomado de http://spvt.org/2013/10/06/826/

Una de las formas de asegurar poder dinástico es asegurar un heredero varón, el delfín. Y el delfín no llegaba. Esto dió pie a que por su cabeza, el ambicioso cardenal quisiera ya no solamente ejercer el poder sobre el padre Luis XIII, sino sobre su hijo, por lo cual llegó incluso a hacer propuestas indecorosas a la reina Ana. Por escrito, usando un testaferro que escribiera parecido a él, en caso de que se descubriera, se acusaría al falsificador y no a el cardenal.  Y la pobre reina Ana, debía dar ejemplo de decoro en una corte bastante disoluta. En las bodas reales muchas cosas pasan y Enriqueta, la hermana de Luis se prometió como consorte a Carlos I Estuardo. El proceso de pedir la mano recayó en el terriblemente asediado por las mujeres George Villiers, el famoso Duque de Buckingham a la sazón primer ministro de Carlos I, quien decidió llevar su escarceo ante una reina francesa en un entorno muy complejo: esposa de un rey que no ejercía poder, de quien se esperaba que fuera madre, espiada por el primer ministro cardenal, intentada seducir por éste mismo, infanta española Habsburgo lejos de su padre y hermano (Carlos III y Carlos IV respectivamente), viviendo en una corte disoluta, con la presión política de traer un heredero que no llegaba. Algo que luego pasaría también con Luis XVI y María Antonieta, aunque todavía faltaba llegar a las postrimerías del siglo XVI para que esta historia se repitiera.

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Museo del Louvre. Foto del autor

El poder de facto el poder tras el trono, fue el cardenal. Hubo varias figuras que a modo de comparsa decidieron también unir su fortuna a la trayectoria del cardenal, cortesanos como Boisrobert, religiosos como José de Tremblay.

Este último en particular, fue según narra Touchard-Lafosse ayudó al cardenal a deshacerse del Duque de Buckingham, sostuvo una reunión con Oliverio Cromwell, descendiente de aquel Thomas Cromwell que en su época fuera el ambicioso primer ministro de Enrique VIII Tudor que compartió el mismo fin desafortunado de Ana Bolena; pues este Cromwell era un descontento coronel del ejército de Carlos I Estuardo y quien se encargó de promover el motín popular con toda su secuencia compleja de eventos que terminó en la triste ejecución de Carlos en su palacio de Whitehall. Y en su afán de quitar enemigos colocando incidentes políticos de por medio, y con el peregrino expediente de convertir a sus enemigos personales en enemigos del Estado, -en lo cual Iosif Visarionovic se convertiría en un terrible maestro en el siglo XX- el cardenal mueve las fichas de tal forma que vuelve a encender las cenizas de las guerras de religión cuando promueve tras bambalinas el alzamiento de los calvinistas de la Rochela y la isla de Ré.

Finalmente y tardíamente nació el delfín Luis XIV por allá en 1638 -y su hermano gemelo, el hombre de la máscara de hierro-, de la reina Habsburgo nieta de Carlos V, mejor conocida en la historia como Ana de Austria y de Luis XIII.

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La reina Ana de Austria, retrato por Rubens. http://www.gogmsite.net/the_late_farthingale_era_fr/minialbum_anne_of_austriasp/1622_ana_de_austria_by_pete.html

El deseo del cardenal Richelieu de pasar por encima de quien fuera para lograr entroncar con la familia real y su deseo de venganza de quien se opusiera a él en cualquier forma fue motivo de guerras, enfrentamientos, persecuciones, ejecuciones en la cual decidió usar a su antojo soldados de toda Europa para poder lograr su ambicioso objetivo, el de ver su apellido formando parte de los residentes en aquel entonces del palacio del Louvre. Una situación parecida a la que ocurrió en Roma de ser prácticamente una quasi-guerra civil porque Publio Elio Seyano, el válido de la época del emperador Tiberio, quería a toda costa ser parte de la familia real, como lo cuenta Robert Graves en Yo Claudio.

Y los familiares y nobles leales a Luis XIII procuraron combatir al cardenal para dejarlo por fuera del juego, cosa que solamente logró la muerte del astuto cardenal. Pero antes de morir, dejó el legado de su malsana concepción del poder en el cardenal Julio Mazarino, quien también contó con la actitud de dejar hacer por parte de Luis XIV.

Y cuando Richelieu le propone a Boisrobert la creación de la Academia Francesa, es para condenar al olvido a Racine con su obra el Cid, porque le pareció que motivaba la inteligencia del pueblo.

Cito al historiador Paul Preston, cuando refiere que existen varias razones por las que estudiar Historia es muy enriquecedor con esta frase de colofón “Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores” . Para entender la sociedad actual, es necesario conocer la historia.

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2 thoughts on “Sobre tomo I Crónicas del Ojo de Buey, por Touchard-Lafosse

  1. No es Carlos III ni Carlos IV de España, sino Felipe III y Felipe IV. Ana de Austria era hija de Felipe III y hermana de Felipe IV

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