Libro La Contrarreforma, por Juan Gustavo Droysen

LIbro 28 de 2014Una vez con base en su interpretación de la carta de Pablo a los Romanos, el monje agustino Martín Lutero empezó a tener sesudas reflexiones en torno al evangelio, tuvo finalmente lugar en Wittenberg la publicación de las 95 tesis en Octubre de 1517, que dieron origen al movimiento protestante.

La principal causa de la “protesta” fue la simonía de la iglesia al vender un obispado a Alberto de Brandeburgo, porque la compra fue con cargo al campesinado alemán, en forma de gravosos impuestos que fueron “vendidos” como indulgencias, por el monje Johannes Tetzel.

Y Roma había aceptado esta compra, porque había un interés geopolítico -si se permite la expresión-, de conseguir recursos para la modificación de la catedral de San Pedro, que venía siendo propuesto desde la época de Nicolás V, además de contar con recursos para organizar la resistencia y una cruzada contra los turcos que habían tomado Constantinopla, recientemente para la época, en 1453.

No bien una vez se inicia el movimiento protestante hay versiones de este que surgen al mismo tiempo, además del luteranismo: el calvinismo y la que defienden los seguidores de Melanchton. Sus diferencias giraban en torno a la comunión: Lutero consideraba que no había transubstación durante la consagración, Calvino consideraba que la comunión era una representación, Melanchton abogaba por una versión variante, se aceptaba la predestinación, y que las buena obras no eran necesarias, porque “sola fides suficit” con la sola fé basta.

Pues los diferentes príncipes electores que casi siempre ostentaban igualmente altos cargos eclesiásticos empezaron a tomar partido por una u otra versión, con el agravante de considerar herejes a los otros, con la implicación política que eso tenía. Se formaron muchas facciones en diferentes tiempos, se dieron muchos tratados de Paz, entre ellos la paz de Augsburgo que procuró sentar las bases de la tolerancia religiosa.

Roma por supuesto, no se quedó quieta ante ese embate: y su respuesta fue el concilio de Trento, y la consolidación de la Inquisición (ya había hecho un primer debut contra los cátaros, bajo Inocencio III), el terrible tribunal con su brazo secular responsable de la policiva política de espionaje en España durante el siglo XVI y posteriores. Una de las cosas que el papado romano solicitaba a los reyes católicos era acoger e implementar la inquisición en sus respectivos países.

La inquisición contrarreformista fué obra intelectual del cardenal Giovanni Pietro (Gianpietro) Caraffa, la oficializó el papa Pablo III Farnese, la llevó a su cénit el propio Garaffa, ya como papa Pablo IV. Huelga decir que no hubo inquisición en Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda.

Y al mismo tiempo, España bajo el comando de Felipe II, empezó a tratar de ser la dueña de la política europea: a Felipe II solamente le cabía en su cabeza la hegemonía universal de la casa de Habsburgo, domeñando a todas las demás monarquías europeas: el duque de Alba cometió todas las exacciones del caso en Holanda y Bélgica, hizo ejecutar a muchas personas, la soldadesca española de reitres y lansquenetes hizo lo que quiso, y esto generó una enorme resistencia, que supo encausar el estatúder Guillermo de Orange, posteriormente su hijo Mauricio.

En Francia muere el mal gobernante Enrique III, le sucedió muy brevemente Carlos X una hechura política de Felipe II, que murió muy pronto y se acabaron los hijos sucesores al poder de Enrique II y de Catalina de Médicis: le costó mucho trabajo llegar al poder, pero lo logró, finalmente, el bearnés Enrique IV de Navarra, de quien la posteridad diría que fué el monarca que cimentó la grandeza de Francia en el siglo 16 y posteriores.

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Pero esto en Francia ocurrió después de los  ríos de sangre precipitados por la terrible Noche de San Bartolomé en el 24 de Agosto de 1572, donde parece que no hubo premeditación como tal como algunos autores quieren hacer parecer en la matanza de los hugonotes franceses, pero sí un terrible uso de la ventaja, en la que el propio rey Carlos IX y su sobreprotectora madre Catalina, estuvieron en connivencia para el asesinato del almirante Coligny, hugonote austero que se había logrado encumbrar a las cimas del poder, atrayendo para sí el odio de Catalina y de la familia de Guisa-Lorena, todo esto aprovechando la boda entre Margarita de Valois (hija de Catalina y Enrique, conocida en la historia como la reina Margot, de Dumas) y Enrique de Navarra.

Isabelle Adjani, como la reina Margot
Isabelle Adjani, como la reina Margot

Una situación para destacar: el propio Papa Gregorio XIII escribió una carta de felicitación al rey francés por la lucha por la pureza de la fé en Francia….. O tempora o mores, o tiempos, o costumbres aquellas.

Pero el bearnés no lo tuvo fácil, porque Felipe II codiciaba la corona francesa. Y en este complejo escenario, igualmente jugó un destacadísimo papel Isabel I, la reina virgen, porque vió que el afán expansionista de España era una amenaza para su monarquía. Y por eso brindó ayuda con soldados y metálico a los holandeses contra el tiránico duque de Alba, a los hugonotes franceses contra la Liga católica que procuraba satisfacer el afán de la familia Guisa por tener aún más poder y por qué no, tener un rey.

Y contó con la enorme fortuna de la pérdida de la Armada invencible: el naufragio de una cifra cercana a los 22 millones de florines, que hizo que España no se pudiera recuperar de la ruina que ya empezaba a padecer y que dificultó la paga de las soldadas, con la consecuente deserción de muchas tropas…. a pesar de los ríos de oro que llegaban de América y tenían un breve paso por la casa de contratación en Sevilla.

Todo este escenario tan complejo, es lo que transcurrió en la Europa de finales del siglo XVI; y la historia del libro acaba en que los protestantes alemanes, sojuzgados y humillados por los católicos, finalmente se levantan contra Fernando de Estiria, insoportable delegado del emperador Habsburgo Rodolfo II. Los protestantes fueron soleviantados por Matías, el hermano de Rodolfo II, que fue un gobernante desafortunadamente poco interesado en gobernar, más dedicado a la astrología: su mote era el emperador de los alquimistas. Y aquí, la defenestración de Praga, es la mecha que encendió el polvorín de la guerra de los 30 años.

Lecturas complementarias

La Juventud de Enrique IV, por Heinrich Mann. https://universalhistory.wordpress.com/2014/12/07/la-juventud-de-enrique-iv-por-heinrich-mann/

María Estuardo, por Paul Henry Bordeaux. https://universalhistory.wordpress.com/2015/11/16/sobre-libro-maria-estuardo-por-paul-henry-bordeaux/

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