Sobre los cátaros

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Paisaje languedociano, tomado de Web

Los condes de Tolosa reinaban en Aquitania, ” tierra de agua” por la gran cantidad de ríos que había, así la habían llamado los romanos. Región al sur de Francia, ideológicamente diferente del norte, con una enorme “joie de vivre”, que hizo posible el surgimiento del “amor cortesano”, que fue favorecido especialmente por Leonor de Aquitania (sí, la mamá de Ricardo Plantagenet, el de la segunda cruzada, y de John Lackland).

Tolosa o Touluse había sido en alguna época la capital del reino de los visigodos y tenía muchos elementos de cultura romana, muchos elementos latinos, sin tantos elementos celtas. Además de Touluse, el sur de la Francia mediterrránea tiene pueblos como Narbona, Montpellier, Beziers o Bezers y la famosa Albí, de donde es conocido el gentilicio albigense. En estas zonas se habla el francés de tal forma que “sí” no se dice “Oui”, sino Oc. De aquí uno de los nombres de la región, Langue D´Oc, y del idioma, occitano o provenzal.

Y en este ambiente de convivencia tolerante durante los siglos XI y XII, hubo un enorme cruce de talentos y pensamientos, que entre otras permitieron el desarrollo de la forma “pura” de ver la vida, un tipo de gnosticismo que planteaba que en el mundo material se libraba una lucha inmemorial entre el bien y las fuerzas oscuras. Mucho de este pensamiento vino con los primeros nobles que regresaron de la primera cruzada, donde Godofredo de Bouillon duque de la baja Lorena aceptó el título de defensor (Advocatum) del Santo Sepulcro. Uno de estos destacados de la nobleza tolosana es el conde Raimundo VI de Tolosa, uno de los más destacados en su tiempo.

El enfrentamiento dual del gnosticimo tomó forma ideológica en el catarismo, del griego “catharos”, que quiere decir puro, de donde se derivan nombres como Catarina, Catherine, Catalina….. y su sencillo despliegue religioso de “bonhommes” y de “perfectos”, tenía un tremendo contraste con el boato y la pompa que había en Roma. Además los escándalos del clero regular y del clero secular, habían minado la confianza de la gente del común en las autoridades eclesiásticas. Los bonhommes o buenos hombres y los perfectos, buscaban ayudar a los necesitados, hacer buenas obras, aunque no estaban a favor de la concepción de nuevos hijos, porque interpretaban que esto era “traer un alma al dolor del mundo material”, tan lejos de la creación de Dios……

En el ámbito medioeval con sus conocidas divisiones de clases, dentro de los terratenientes más grandes solían haber arzobispos, “porque eran como los príncipes en el orden secular” y la riqueza se concentraba en muy pocas manos. La simonía estaba a la orden del día y muchos nobles adquirían los altos cargos de dignatarios eclesiásticos sin tener méritos espirituales para ello. Y esto, junto con la sed por conseguir recursos para las guerras en ultramar como lo fueron las cruzadas, motivaron un ambiente de usura, de rapiña, de avivatismo, que hizo que fueran comunes situaciones de venta de hijos, de hijas como “propiedades” para poder sobrevivir en el estamento de los vasallos y siervos; y muchos de los grandes propietarios eran miembros sin conciencia del estamento eclesiástico. Con este escenario es fácil comprender porque un mensaje llevado por un mensajero que es un cátaro, que no tiene mayores disonancias entre lo que vive y lo que predica, en un ambiente de tolerancia cultural, arraigue con relativa facilidad y más cuando un gobernante que busca la felicidad de su pueblo, igualmente sigue la creencia de la mayoría de su pueblo.

Esto fue lo que hizo la familia Ramons, la familia Trencavel y sus príncipes y nobles fueron declarados objetivos de guerra sin un “casus belli” justo, excepto el de la curia romana, que dió aval a personajes inescrupulosos como Arnaud de Amaury y Simon de Monfort que sembraron devastación en Aquitania y Languedoc durante más de 20 años, hasta que al fin esto reinos desaparecieron y entraron a a forma parte de la corona francesa de los Capeto. De Arnaud de Amaury se dice que es el autor de aquella cruel respuesta sobre como salvar a cristianos de cátaros “quemadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”. Y así siguió la devastación hasta la toma de Montségur, la famosa fortaleza y el epílogo del fin.

Referencias

1. Los cátaros: La herejía perfecta  Stephen O´Shea.

2. http://inconmensurable-bookslover.blogspot.com/2013/08/las-puertas-de-la-eternidad-richard.html#comment-form

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